Ser fiel en lo poco. Lucas 16:10-12.

La situación actual en la que nos encontramos, donde día a día, nos desconciertan las noticias acerca de cómo las personas que supuestamente son servidores de nuestra sociedad han sustraido de la bolsa común, la que todos compartimos y por la que todos con nuestro trabajo diario seguimos sustentando.Hablo de los grandes desfalcos, las grandes estafas y la gran cantidad de dinero que se va de nuestro país a manos de personas en las que un día pusimos, con nuestros votos, la confianza. El ejemplo que nos llega de personas como estas nos hacen desconfiar del sistema, nos hace ver la mezquindad y la falta de integridad en la que la sociedad está sumida. El ejemplo que nos están trasladando personas cultas, formadas, aparentemente “fieles” a los ciudadanos, nos hace ver que el corazón del hombre y la mujer está manchado por el pecado, y que al final lo que en un principio pretendían que es nuestro bien común, ha sido solo “el bien común de ellos mismos”.integridad15

La fidelidad, la integridad, el saber obrar de tal manera que lo más importante sea lo que podamos ofrecer a los demás y no lo que los demás me puedan ofrecer a mí. La fidelidad, la integridad en el trato, en no ofender, en no pretender acercarme a otros para obtener beneficios, sino para ver las necesidades de los demás. La fidelidad, la integridad, en sopesar nuestras acciones, por muy pequeñas que sean, no volviendo la vista a otro lado cuando algo injusto está pasando.

Sin saberlo, sin pretenderlo, estamos recibiendo ejemplos que nos impregnan de fraude y sin apenas percibirlo los muchos ejemplos recibidos nos lleva a actuar de la misma forma, y nos encontramos pensando en cómo obtener beneficios de situaciones que nos permitan vivir de una forma más desahogada, o como puedo recibir prestaciones económicas sin trabajos a cuenta y me permito pensar que estoy obrando bien. La fidelidad va más allá de las grandes cosas que podamos hacer, la fidelidad se encuentra en los detalles pequeños para hacerla efectiva en las grandes acciones. No nos engañemos, cuando somos fieles en las pequeñas cosas, aprendemos a ser fieles en las grandes, solo así llegamos a conseguirlo. Así pues no busquemos la justicia en los que nos representan en nuestra sociedad, busquemos la justicia siendo nosotros mismo los más justos, los más fieles, los más allegados a ver como mi trabajo es compensado con mi esfuerzo y mi dedicación. Desliguémonos de las grandes ataduras del ser el más en todo y no ser el más en lo muy poco y seamos justos en la medida pequeña para ser justos en la muy grande.

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. 

Escrito por Chary Abril.

El propósito de mi fidelidad

ejemplo-de-fidelidadHace un tiempo leí una frase que tocó mi corazón y ha sido grabada en mi mente. Dice así: “La meta de la fidelidad es que Dios sea libre para hacer su obra a través de nosotros”. Me sorprendió el hecho de que mi fidelidad a Dios, o el objetivo de ésta, distaba bastante de lo que yo creía entender. Resulta que mi fidelidad no tiene propósitos más allá de ser yo un canal limpio a través del cual el Espíritu Santo fluya y haga lo que quiera conmigo, con mi entorno y con todo lo que hago, digo y pienso. Es un propósito impresionante. Pero no es lo que nosotros solemos entender como finalidad para serle fieles. Tal vez sólo me ha pasado a mí, pero creo acertar si digo que en muchas, demasiadas ocasiones, los cristianos andamos con el chip de que »Dios nos bendiga», y eso es lo que esperamos a cambio de ser obedientes, trabajadores para el reino, serviciales, y todo lo que entendamos por fieles. Pero está claro que aún no hemos entendido nada. Las bendiciones que Dios nos da (en todas sus formas) no son por otro motivo que éste: amor. Papá te ama, y te va a bendecir porque eres su pequeño/a. Su amor es único, incondicional y eterno (1 Corintios 13:8,13). Así que no hay nada que puedas hacer para que te ame más (¡su amor es grandioso!), así como tampoco nada de lo que hagas hará que deje de amarte: ‘‘Y estoy convencido de que nada podrá JAMÁS separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá JAMÁS separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor’’. Sólo había una cosa que nos separaba de Dios: el pecado. Pero sabemos que el sacrificio de Jesús ha roto esa maldición. Entonces, ¿por qué actuamos buscando su favor? ¡Si ya lo tenemos! Lo recibimos al entrar en la familia. El verdadero objetivo por el que se nos reclama serle fieles es porque nos ha escogido como instrumentos, y nos necesita santos para que su obra no sea contaminada por nuestras impurezas. Seamos dignos de esa increíble tarea.